¿Para qué sirve el crecimiento económico? “Chile necesita volver a crecer”; “hace años que el país está estancado”; “crecer al 2% no sirve para alcanzar el desarrollo”.
Son frases que se repiten con frecuencia en el debate público, pero pocas veces nos detenemos a pensar en su verdadero significado. En Chile hablamos mucho de inversión, productividad o destrabe de proyectos.
Todo eso importa, y mucho. El problema aparece cuando el crecimiento se presenta como un objetivo puramente técnico, separado de sus efectos concretos, como si no tuviera relación con la vida de las personas.
Cuando eso ocurre, deja de percibirse como una necesidad compartida y empieza a parecer algo ajeno, incluso sospechoso. Adam Smith entendió antes que nadie que una sociedad no puede separarse de la forma en que esa sociedad mira a sus miembros.
En La riqueza de las naciones defendió la expansión de la actividad económica, pero en La teoría de los sentimientos morales recordó algo igualmente importante: que la vida en común exige una cierta empatía, una capacidad de reconocer al otro. El crecimiento, visto así, no es valioso por sí solo.