Hay episodios de la historia que parecen ficción, pero no lo son. Y uno de ellos, muy poco conocido, casi incómodo, ocurrió mientras el mundo ardía en la Segunda Guerra Mundial.

En esos años en que Europa se desmoronaba y el Pacífico se volvía un tablero estratégico, nuestro país, oficialmente neutral, vivía sus propios temores y tomaba decisiones que hoy resultan difíciles de creer. Porque sí, aunque no se crea, hubo un momento en que Chile consideró vender Isla de Pascua.

Y no precisamente a cualquiera. A fines de la década de 1930 y comienzos de los 40, el país enfrentaba dificultades económicas, deudas externas y la compleja administración de territorios lejanos.

Rapa Nui, anexada en 1888, era vista más como un problema que como un activo, esto por lo distante, costosa y escasamente conectada que está con el continente. Mientras tanto, el mundo se reconfiguraba a la fuerza.

El Imperio Japonés avanzaba por el Pacífico, inquietando a Estados Unidos, y la Alemania Nazi proyectaba su poder más allá de Europa. En ese contexto, las islas adquirían un valor militar clave.