Cada junio, el mismo ritual se repite en miles de hogares chilenos: los colegios cierran sus puertas, los niños respiran aliviados después de meses de pruebas y exámenes, y los teléfonos, tablets y televisores pasan a ocupar el centro de la vida cotidiana. Este año, las vacaciones de invierno que comenzaron a mediados de junio vuelven a instalar una pregunta que muchos padres no saben cómo responder: ¿cuántas horas de pantalla son demasiadas?
Los datos son contundentes. Según la Universidad del Desarrollo, más del 50% de los menores supera las cuatro o cinco horas diarias de pantalla durante las vacaciones de invierno, una cifra que triplica lo que los especialistas consideran saludable. Para niños de hasta seis años, la recomendación es rotunda: cero pantallas. Para quienes tienen entre seis y doce años, el límite sugerido baja a una hora diaria.
El fenómeno no es nuevo, aunque su escala ha cambiado de manera notable. Un informe de Unicef (el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) publicado en 2019 ya advertía que en períodos sin actividad escolar se dispara el tiempo dedicado a videojuegos, redes sociales y contenido audiovisual. Lo que ha transformado el panorama desde entonces es la arquitectura de plataformas como TikTok o YouTube, construidas para capturar la atención sin límite claro y convertir el ocio infantil en un territorio donde el tiempo se desdibuja.
Soledad Garcés, académica del Diplomado en Bienestar Socioemocional y Convivencia Escolar de la Universidad de los Andes, rechaza la idea de que las vacaciones son tiempo muerto. "Es un tiempo valioso para aprovechar de hacer otras cosas que no se hacen durante el período escolar", dice. "Organizar el día con diferentes actividades simples en casa evitará que las pantallas se roben muchas horas al día. Es el momento de potenciar talentos, nuevos intereses."
Carla Capell, directora de la Escuela de Educación Básica de la Universidad de Las Américas, coincide en que afrontar el uso de pantallas en vacaciones es "un tremendo desafío" para padres, madres y adultos a cargo de niños y jóvenes. El tiempo libre sin estructura, agrega, es el principal aliado del uso excesivo.
Los panoramas al aire libre emergen como una alternativa concreta. Pero la propuesta central de los especialistas es la planificación: establecer una rutina diaria con actividades variadas, definir horarios claros para el uso de pantallas y proponer proyectos que inviten a los niños a desarrollar intereses propios. Esa estructura, coinciden, es lo que marca la diferencia entre dos semanas productivas y dos semanas frente a la pantalla.
