Solo el 26,4% de los niños en Chile cumple la recomendación mínima de actividad física diaria. Para enfrentar esa cifra, la ley 21.778, conocida como «ley de los 60 minutos», exige que los escolares acumulen ese tiempo durante la jornada curricular. El giro que cambia la ecuación: los talleres vespertinos, los recreos y las horas de Educación Física no cuentan para ese total. La responsabilidad cae sobre todos los docentes.

El panorama de salud que rodea a la norma es grave. Según el Ministerio del Deporte (MINDEP), en 2024 apenas el 18,5% de los alumnos se considera activo dentro del contexto escolar. El 87% de los jóvenes chilenos presenta niveles de inactividad física por sobre el promedio regional, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2022.

El problema no se reduce al movimiento. El 35% de los estudiantes de enseñanza media presenta síntomas de ansiedad y estrés, según el Ministerio de Salud (MINSAL). Tres de cada cuatro jóvenes reporta algún síntoma de depresión, de acuerdo con la Encuesta Longitudinal de Primera Infancia (ELPI). Uno de cada dos tiene sobrepeso u obesidad, según la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB). Los tres informes son de 2024.

Chile también acumula un rezago comparativo a nivel global. En el ranking de la Alianza Global para Niños Activos y Saludables (AHKGA), elaborado por 600 expertos de 57 países, el país obtuvo 3,3 sobre 7 en actividad física y 2,5 en conducta sedentaria. Son evaluaciones entre las más bajas del continente.

La OMS recomienda que niños y jóvenes de entre 5 y 17 años acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa. La ley 21.778 adopta ese estándar y lo convierte en obligación para las escuelas. El argumento de fondo es que el colegio es el único espacio que reúne de forma sistemática a toda la infancia del país, sin distinción de origen socioeconómico o territorial.

La condición técnica que define la implementación es la que más transforma el rol de los profesores. Los 60 minutos deben completarse en la jornada curricular y pueden acumularse a lo largo de la mañana. Las clases de Educación Física, los recreos y los talleres vespertinos no suman para ese cómputo. Eso significa que cada docente, de lenguaje, matemáticas o historia, deberá destinar minutos de su clase para que el colegio alcance la meta diaria.