El zinc en la retina cumple un papel central en el metabolismo ocular y en los sistemas antioxidantes que limitan el daño oxidativo asociado al envejecimiento. Mantener una ingesta adecuada a través de la dieta aporta un mineral que participa en enzimas clave y se asocia con menor riesgo de progresión de algunas enfermedades, en especial la degeneración macular relacionada con la edad.
La trascendeia se da debido a que el zinc es un mineral presente en concentraciones altas en el complejo retina–epitelio pigmentario de la retina (EPR)–coroides, una interfaz crítica para el mantenimiento de los fotorreceptores. PUBLICIDAD En adultos, las recomendaciones diarias son de 11 mg para hombres y 8 mg para mujeres, según la hoja informativa del Office of Dietary Supplements del National Institutes of Health (NIH).
En investigación clínica, el ensayo AREDS evaluó formulaciones con antioxidantes y zinc y observó menor progresión a degeneración macular avanzada en grupos específicos de riesgo. Qué hace el zinc en el ojo y qué dice la evidencia En términos fisiológicos, el zinc participa como cofactor en múltiples proteínas y enzimas que sostienen funciones celulares.
En el ojo se lo asocia con mecanismos de defensa antioxidante, con la regulación de procesos celulares y con el equilibrio bioquímico del entorno donde operan los fotorreceptores. PUBLICIDAD La evidencia científica indica que el ojo acumula altas concentraciones de zinc en distintos tejidos, especialmente en el epitelio pigmentario de la retina (EPR), una zona clave para la salud visual.
Una revisión publicada en Retinal Research destacó que este mineral cumple un papel esencial en el funcionamiento de la retina, el EPR y la coroides. El estudio advirtió que tanto el déficit como el exceso de zinc pueden provocar alteraciones celulares y explicó por qué la suplementación se utiliza como estrategia preventiva secundaria frente a la degeneración macular asociada a la edad.