El final del partido entre Colo Colo y O'Higgins, en el Estadio Monumental, fue más intenso que los noventa minutos previos. Mientras los albos festejaban el primer gol en el profesionalismo de Felipe Raipán y el capitán celeste Alan Robledo buscaba a Joaquín Sosa para encararlo, Francisco González, extremo rancagüino y figura del equipo del técnico Lucas Bovaglio, se dirigió a los jueces asistentes Alejandro Molina y Diego Gamboa y los increpó sin rodeos: "Se están cagando en el laburo nuestro". Bovaglio intentó alejar a los suyos antes de que la situación escalara.
Lo que González dijo frente a los asistentes no quedó en ningún registro oficial. El informe del árbitro principal, José Cabero, disponible en las plataformas de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), no menciona el episodio. Según el documento, el partido dejó apenas dos hechos disciplinarios para consignar: la expulsión de Robledo en el minuto 90'+6, por "conducta violenta" al propinar "un golpe con su antebrazo en el rostro del adversario, esto no estando el balón en contexto de disputa", y una amarilla a Fernando Ortiz por "desaprobar en reiteradas ocasiones decisiones arbitrales".
Nada sobre González. Pese a que el reglamento contempla distintos mecanismos para que un árbitro pueda reportar ese tipo de situaciones, Cabero no utilizó ninguno.
El referente en este tipo de casos es lo que ocurrió con Javier Correa, delantero argentino de Colo Colo. El árbitro Nicolás Gamboa tampoco lo consignó en su informe tras el partido ante Huachipato por la Copa de la Liga, pero sí recurrió a una entrevista posterior para denunciarlo. El Tribunal de Disciplina de la ANFP sancionó al ariete con cuatro fechas de suspensión por infringir el artículo 68°, letra a) del Código de Procedimientos y Penalidades, que castiga las ofensas a los árbitros.
La interrogante ahora es si el Sindicato de Árbitros, presidido por Cristián Droguett, irá por la misma vía frente al episodio con González. La entidad gremial ya intentó actuar en el caso Correa con una denuncia propia, pero el Tribunal de Disciplina la declaró inadmisible. Sin el respaldo del informe de Cabero ni una declaración pública de los asistentes, cualquier acción del sindicato partiría en desventaja.