Javier Araya, ingeniero civil chileno y emprendedor serial, selló la venta de su tercera startup desde Silicon Valley. La empresa es Lilo, una plataforma de inteligencia artificial (IA) para automatizar procesos de compra en hoteles, adquirida por Inn-Flow, firma de software con sede en Carolina del Norte, Estados Unidos. El monto no fue revelado por acuerdo de las partes, según informó Diario Financiero.

La operación se concretó hace algunas semanas, justo cuando Lilo preparaba su tercera ronda de financiamiento. El cierre llegó de forma inesperada: un ejecutivo de Inn-Flow, con quien Araya había conversado meses antes sobre una posible inversión estratégica, lo contactó con una propuesta distinta. "Al día siguiente me dijo que tenía buenas noticias, pero era algo distinto de lo que habíamos conversado. Querían invertir, pero por el 100% de la compañía, y empezamos a negociar y terminamos cerrando", relató el emprendedor.

La startup nació en 2022 en pleno Silicon Valley, mientras Araya cursaba un máster en la Universidad de Stanford. Fue ahí donde conoció a Nadine ElAshkar, su socia de origen egipcio con amplia experiencia en la industria hotelera. Juntos identificaron un problema concreto: el proceso de compra en hoteles era lento, dependía de múltiples proveedores con catálogos incompatibles y estaba sujeto a reglas de marca estrictas, desde el gramaje de una toalla hasta el estándar de una sábana, que hacían inviable cualquier software genérico.

El lanzamiento de ChatGPT, el asistente de IA de la empresa OpenAI, fue la pieza que hizo funcionar el modelo. Con modelos de lenguaje, Lilo logró homologar automáticamente los catálogos de distintos proveedores respetando las reglas de cada marca. La plataforma unifica la comparación de productos en una sola pantalla y, según Araya, reduce en 70% el tiempo del proceso de compra y genera hasta un 10% de ahorro en costos.

Al momento de la venta, Lilo operaba en unos 400 hoteles en Estados Unidos y Canadá, incluyendo cadenas como Marriott y Hilton, además de operadores de menor escala. Los ingresos recurrentes anuales llegaban a US$1,5 millones y la empresa había levantado cerca de US$7 millones en total, con fondos de San Francisco, Nueva York y la gestora Add Ventures Capital. El equipo sumaba unas 35 personas entre Chile y Estados Unidos, más un grupo distribuido en otros países.