En Santiago, el apellido que una persona hereda no solo cuenta una historia familiar. Según una investigación de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), también revela en qué sector de la ciudad vive esa persona, con quiénes tiende a relacionarse y qué tan lejos está de otros grupos sociales. Una distancia que no aparece en ningún mapa, pero que los datos registran con precisión.
El estudio fue liderado por Naim Bro y Marcelo Mendoza, académicos de la Escuela de Gobierno de la UAI. La base de trabajo fue el registro electoral chileno de 2012, que contenía nombre completo, RUT y dirección de todos los habilitados para votar. El universo inicial abarcó 4.652.933 residentes del área urbana de la Región Metropolitana. Tras filtrar los domicilios con mayor precisión geográfica, el análisis quedó con 3.720.431 personas, a quienes se les asignó un nivel socioeconómico aproximado según el Índice de Bienestar Territorial de ese mismo año.
Con esos datos, los investigadores construyeron dos redes. La primera conectó apellidos paternos con maternos para identificar cuáles tienden a aparecer juntos con más frecuencia de lo esperado por azar. La segunda midió la distancia isonímica, un indicador técnico que cuantifica cuán parecida o distinta es la composición de apellidos entre distintas zonas de la ciudad. Si dos sectores comparten apellidos similares, hay mayor cercanía social entre ellos. Si los apellidos divergen, la brecha también lo hace.
El análisis identificó nueve comunidades de apellidos dentro del Gran Santiago. Varias de ellas aparecen fuertemente concentradas en sectores de alto nivel socioeconómico, lo que sugiere que la élite capitalina forma un grupo casi cerrado: sus apellidos se mezclan entre sí con una frecuencia muy superior a lo que el azar explicaría.
"La élite vive cerca de la ciudad en términos geográficos, pero lejos en términos sociales. Es una burbuja porque las conexiones más probables ocurren dentro del mismo mundo social", planteó Naim Bro según el comunicado emitido por la UAI.
El estudio no mide directamente matrimonios ni vínculos de amistad. Lo que observa es la huella estadística de esas relaciones en los apellidos heredados generación tras generación. Si los apellidos se mezclan poco entre grupos socioeconómicos distintos, es señal de que las familias que los portan circulan en mundos separados. La segregación queda inscrita en los propios nombres.
Los datos del análisis corresponden al padrón electoral de 2012, lo que acota su validez para describir el Santiago actual. El trabajo fue desarrollado por la Escuela de Gobierno de la UAI y lleva por título oficial Surname affinity in Santiago, Chile: A network-based approach that uncovers urban segregation.