Micron Technology, la empresa estadounidense fabricante de memorias para computadores y centros de datos, firmó 16 contratos de largo plazo con sus principales clientes tecnológicos, comprometiéndolos a adquirir volúmenes fijos de RAM (la memoria de acceso rápido de los computadores y servidores) y almacenamiento a precios elevados entre 2026 y 2030. La jugada asegura las ganancias de Micron durante cuatro años, mientras el resto del mercado deberá competir por lo que sobre.

El mecanismo funciona así: los compradores, que incluyen a las grandes tecnológicas globales, pagan por adelantado cantidades específicas de producción. A cambio, Micron les garantiza suministro. La empresa obtiene fondos para expandir sus fábricas y márgenes de ganancia que la compañía califica de históricos.

Lo más llamativo es que los propios clientes aceptaron condiciones tan favorables para el fabricante sin mayores cuestionamientos. Sanjay Mehrotra, director ejecutivo de Micron, explicó la lógica sin rodeos: "nuestros clientes reconocen que la escasez de suministro de memoria y almacenamiento tardará un tiempo considerable en mejorar". Asegurarse el material físico vale más que negociar descuentos.

El panorama que describe Mehrotra es preocupante. Aunque espera que la oferta mejore gradualmente en 2028, admitió que "actualmente no tenemos una visión clara de cuándo el suministro de memoria podrá alcanzar a la creciente demanda". Ni siquiera el fabricante sabe cuándo se equilibrarán oferta y demanda.

Detrás de esta incertidumbre hay un problema técnico que frena la construcción de nuevas plantas. Los esfuerzos globales por levantar fábricas de chips chocan con la creciente complejidad de los nuevos tipos de memoria, lo que alarga los plazos de construcción más allá de lo planificado. Y cuando estas instalaciones finalmente operen a plena capacidad, la producción seguirá siendo insuficiente para satisfacer dos demandas simultáneas: la memoria de alto ancho de banda que exige la inteligencia artificial (IA) y los tipos de memoria tradicionales para servidores y dispositivos convencionales.

Las empresas que quedaron fuera de estos contratos, principalmente actores medianos y pequeños, deberán competir por una producción limitada a precios aún más altos. Según las propias proyecciones de Mehrotra, el desequilibrio entre oferta y demanda de RAM no comenzará a ceder antes de 2028.