Karen Thal, presidenta del directorio de Cadem, presentó un diagnóstico basado en escuchas cualitativas que registran las conversaciones ciudadanas desde octubre de 2019 hasta 2026, y sostiene que la emoción predominante hoy es la resignación.

El recorrido comienza con las protestas del 18 de octubre de 2019, cuando la rabia colectiva irrumpió después de años de acumulación de demandas sociales. Esa etapa dio paso a una ola de esperanza asociada al acuerdo del 15 de noviembre de 2019 y al proceso constitucional, un momento en que gran parte de la ciudadanía creyó que la crisis podría transformarse en oportunidad.

Según las escuchas de Cadem, tras ese optimismo llegó la pandemia de COVID-19, que cambió el tono de las conversaciones públicas. En los diálogos apareció una percepción de mayor inseguridad, referencias al crimen organizado y palabras como sicariato y secuestro. Las medidas económicas de emergencia, desde los retiros de fondos previsionales hasta transferencias directas, convivieron con un proceso inflacionario que volvió central la preocupación por los ingresos y el costo de la vida.

En la secuencia emocional, la esperanza se transformó en incertidumbre, luego en miedo y, más tarde, en un estado parecido a la depresión social. Karen Thal resume ese cambio: "En 2019 teníamos un país enojado que quería cambiarlo todo. Hoy podemos estar frente a un país que sigue descontento, pero comienza a creer que nada ni nadie puede cambiar demasiado las cosas".

El ciclo electoral de 2025 reintrodujo optimismo: a fines de ese año, buena parte de la población miró el futuro con expectativas renovadas. Sin embargo, en 2026 ese impulso se vio erosionado por el alza de combustibles y por la prevalencia de temas económicos y laborales en el debate público. Las conversaciones actuales, según Cadem, ya no sólo reflejan pesimismo, sino una sensación más profunda de resignación.

Este diagnóstico tiene consecuencias concretas para la política y las políticas públicas. Un electorado fatigado y resignado reduce la presión por cambios inmediatos, complica la articulación de demandas colectivas y condiciona la efectividad de medidas económicas y sociales diseñadas para recuperar confianza. También plantea un desafío para las instituciones responsables de seguridad, empleo y protección social: recuperar capacidad de respuesta y credibilidad.

Los hallazgos de Cadem, basados en escuchas cualitativas entre octubre de 2019 y 2026, registran que tras el acuerdo del 15 de noviembre de 2019 el 80% de los consultados creía que Chile sería un mejor país, y que a fines de 2025 dos de cada tres chilenos veían el futuro con optimismo; hoy, la palabra que emerge con más fuerza en las conversaciones es resignación.