En tiempos de polarización y desconfianza, el debate tributario chileno ha dejado de ser únicamente una discusión técnica sobre tasas, incentivos o recaudación. Lo que realmente está en juego es una pregunta más profunda: ¿qué tipo de sociedad política queremos construir?

El denominado proyecto de “Reconstrucción Nacional” ha sido defendido como una herramienta destinada a reactivar la inversión, entregar estabilidad económica y acelerar el crecimiento. Entre sus medidas destacan rebajas tributarias corporativas, mecanismos de reintegración y, especialmente, la creación de un régimen de invariabilidad tributaria por extensos períodos para grandes inversiones.

Sin embargo, más allá de las legítimas diferencias políticas o económicas, el debate exige algo que hoy parece escasear: prudencia, diálogo y ponderación. Resulta útil recordar a dos grandes pensadores del humanismo cristiano: Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam.

Ambos vivieron épocas de crisis, fractura política y transformación económica. Ambos comprendieron que las sociedades se destruyen cuando los extremos reemplazan a la razón y cuando el dinero termina subordinando completamente la política y el derecho.

Tomás Moro, en su célebre Utopía, advertía sobre los peligros de una sociedad donde la acumulación de riqueza termina erosionando la igualdad y debilitando el sentido del bien común. Su crítica no estaba dirigida contra la propiedad o el comercio en sí mismos, sino contra la formación de privilegios estructurales que fragmentan a la comunidad política y generan una percepción de injusticia permanente.