Lisa Cerati: “Sigo aprendiendo de mi padre, es el más groso” La segunda hija del matrimonio de Cecilia Amenábar y Gustavo Cerati habla con Culto de su debut musical a través del proyecto que lleva su nombre, Lisa María: los miedos que derribó, las lecciones que tomó de su familia, qué opina del show que “revivió” a su padre como un holograma y el difícil trance que significó su largo estado de coma cuando tenía 14 años: “Tuve una infancia muy linda y una adolescencia terrible”, admite. -Son una cagada.

Lisa Maria Cerati Amenábar (30) recuerda que, cuando su productor y socio creativo Estanislao López le preguntó si tenía algunos demos con sus canciones, respondió con ese diagnóstico tan honesto como poco alentador, quitándoles cierto mérito, bajándoles el perfil. En rigor no se trataba de que fueran malas composiciones.

La artista sencillamente nunca había inscrito una trayectoria como cantautora, despachar un disco no figuraba dentro de su hoja de ruta más formal, sus roles hasta ese minuto correspondían a otros casilleros: había estudiado cine y diseño gráfico, condujo el programa Antiarte de Canal (á) -consagrado a artistas plásticos- y fraguó una extensa reputación como DJ. Y por sobre todo aquello, había un aspecto que podía paralizar a cualquiera: la sombra alargada de una familia vinculada por décadas a distintas expresiones del espectáculo latinoamericano, sobre todo con un padre perpetuado como uno de los mayores artistas del rock en español de todos los tiempos.

Nacida en Santiago y mudándose a los meses a Argentina -“de eso no me acuerdo de nada, me fui muy chica”, agrega -, Lisa es la segunda hija del matrimonio de la modelo y artista chilena Cecilia Amenábar, y el cantante trasandino Gustavo Cerati. Su hermano mayor, Benito, desarrolló una carrera más permanente en la escena musical, con una banda (Zero Kill), un puñado de álbumes, shows en vitrinas como Lollapalooza y hasta colaboraciones en los dos últimos títulos de su progenitor, Ahí vamos (2006) y Fuerza natural (2009).

Pero la vida de Lisa como autora de canciones sólo se remitía a grabaciones caseras con destino incierto. “El miedo más importante que debí derribar fue la confianza en mí misma.