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El problema no es la tecnología, es cómo se usa. Por Dr.

Ilustración del perfil editorial Camila TorresCamila TorresEdición automatizada bajo responsabilidad de Periodismo2
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Cada cierto tiempo aparece en los medios una afirmación que parece rotunda: el uso intensivo de la tecnología no contribuye a que los niños mejoren en lectura.

Cada cierto tiempo aparece en los medios una afirmación que parece rotunda: el uso intensivo de la tecnología no contribuye a que los niños mejoren en lectura, matemáticas ni ciencia. O, en su versión más nociva: la tecnología impide el aprendizaje La frase suena rotunda y parece tener un respaldo en la investigación.

El problema es que en realidad dice menos de lo que parece, no se basa de verdad en la investigación, y que al decirlo así, orienta mal una decisión que importa mucho. Conviene partir por entender de dónde viene la afirmación.

En 2015, la OCDE publicó un informe basado en pruebas PISA donde mostraba que los países que habían introducido más tecnología en sus escuelas no habían obtenido mejores resultados. Algunos incluso habían retrocedido.

La conclusión del propio informe era cuidadosa: agregar tecnología sin cambiar la pedagogía no produce mejoras. Pero la versión que circuló en titulares fue mucho más simple, y era que la tecnología no sirve.

Y esa versión simplificada ha ido instalándose como sentido común. La propia OCDE ha matizado esa lectura.

Fuente original

g5noticias.cl

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