Cuando la educación se adapta a las personas, las carreras transforman futuros El debate sobre acortar carreras en la educación superior debe ser analizado sistemáticamente y no solo por una única pregunta sobre cuánto deben durar los programas. El debate sobre acortar carreras en la educación superior debe ser analizado sistemáticamente y no solo por una única pregunta sobre cuánto deben durar los programas.
Los institutos profesionales hemos abordado esta discusión poniendo el foco en que lo relevante no es cuánto acortar una carrera, sino con qué propósito y a quién estamos formando. Porque el estudiante chileno cambió, pero en muchos casos, la educación superior sigue diseñada para un perfil que no refleja la heterogeneidad de estudiantes que existen hoy en el sistema de educación superior.
Hoy conviven trayectorias, edades y necesidades diversas. Miles de estudiantes trabajan, sostienen familias, cuidan a otros y buscan en la educación una herramienta de movilidad laboral y desarrollo profesional.
También llegan con experiencia previa y brechas formativas que las instituciones debemos asumir con responsabilidad. Esa heterogeneidad ya no es la excepción: es el nuevo centro del sistema.
Cuando las instituciones desconocen esa realidad, construyen trayectorias rígidas, extensas y poco pertinentes. En cambio, cuando la formación se conecta con esa realidad, es posible avanzar hacia programas más precisos, eficientes y alineados con las competencias que hoy requiere el país.