El gobierno de José Antonio Kast entró a su segundo trimestre institucional con una fractura que no viene de la oposición. La acusación constitucional contra el exministro de Economía Nicolás Grau encendió la mecha: el Partido Republicano la ingresó sin avisar a Chile Vamos, los socios del bloque oficialista, y la grieta quedó expuesta.
Eso fue solo el comienzo. La alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, apuntó públicamente contra el diputado Agustín Romero, militante de la UDI (Unión Demócrata Independiente), y los roces por influencia en el Segundo Piso sumaron otro frente de tensión. El ministro Claudio Alvarado intentó institucionalizar una instancia de coordinación entre los partidos del bloque, pero el llamado no prosperó.
"Lo que estamos viendo es la distancia que existe entre una alianza electoral que fue exitosa y una coalición de gobierno efectiva", dijo Marco Moreno, decano de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central, según informó Radio U. de Chile. "Técnicamente, hoy no tenemos una coalición de gobierno", afirmó.
La distinción importa. Ganar con el 58% de los votos en segunda vuelta le dio a Kast una mayoría contundente en las urnas, pero ese respaldo no se traduce automáticamente en disciplina parlamentaria ni en acuerdos entre partidos. La victoria electoral ordenó el acceso al poder, no el ejercicio cotidiano de él.
Para Moreno, el problema tiene un nombre: la ausencia del propio Presidente como articulador político. En un sistema presidencialista como el chileno, el jefe de Estado cumple tres roles simultáneos: conduce la administración, representa al Estado y lidera la coalición. Kast, según el académico, ha privilegiado el primero y abandonado el tercero.
"En Chile los presidentes no solo son jefes de Estado y de gobierno, también son líderes de la coalición. Ese rol veo que el Presidente Kast por ahora no lo está asumiendo", planteó Moreno. Sin ese liderazgo, La Moneda ha permitido que los roces entre partidos se acumulen sin un mecanismo que los resuelva.
Guillermo Ramírez, presidente de la UDI, buscó bajar la tensión con un llamado a la unidad. "La unidad se logra cuando abrazas el mismo objetivo", dijo, pidiendo "hablar más de fines y no mirarnos tanto al ombligo". Pero la sola necesidad de ese llamado revela que la tensión existe y que nadie la está conteniendo desde arriba.
El próximo trimestre legislativo pondrá a prueba si Kast decide asumir ese rol conductor. Mientras tanto, el oficialismo sigue operando sin instancias formales de resolución de conflictos, con el Partido Republicano y Chile Vamos en carriles distintos y sin una figura que los una.