Ipsos: Cae la voluntad individual de actuar por el clima y sube la exigencia a gobiernos y empresas Un nuevo informe de Ipsos revela que la disposición personal a actuar frente al cambio climático retrocede en Chile y en 25 países más, mientras crece la desconfianza hacia el discurso ESG corporativo. La encuesta People and Climate Change (Las personas y el cambio climático 2026) de Ipsos registra una tendencia que se repite en Chile y en el mundo: aunque la preocupación por el cambio climático se mantiene estable respecto de estudios anteriores, la disposición individual a actuar retrocede significativamente y las personas trasladan esa responsabilidad hacia gobiernos y empresas.

El costo de la energía, la seguridad del suministro y la desconfianza frente al discurso ESG (ambiental, social y de gobernanza) están redefiniendo cómo la ciudadanía evalúa hoy la transición energética y la acción climática. Uno de los hallazgos centrales del estudio es que el 50% de las personas priorizaría precios bajos de la energía aunque eso implique mayores emisiones, mientras que un 55% declara que estaría dispuesta a pagar más si eso garantiza independencia energética.

Para el subgerente de Estudios Públicos de Ipsos Chile, Miguel Pinto, esta aparente contradicción es, en realidad, la clave para entender cómo las personas evalúan hoy la transición energética y cómo se resignifica su relato en el debate público: “La transición energética en Chile y el mundo ya no debiera instalarse exclusivamente como una agenda ambiental, sino también como un relato y un conjunto de acciones que, en un contexto local y geopolítico complejo, ofrezca garantías de seguridad, autonomía y previsibilidad económica”. Ese apoyo, sin embargo, está hoy más condicionado que antes.

El propio informe evidencia un desgaste y una normalización del problema climático: el 61% de los encuestados afirma que “si no actuamos ahora, estaremos fallando a las futuras generaciones”, pero en los 26 países incluidos en los informes entre 2021 y 2026, todos han registrado un descenso en el grado de acuerdo durante ese período. En Chile, el indicador es levemente superior al promedio: un 64% sostiene que no actuar frente al cambio climático sería fallar a las futuras generaciones.

Pero según Pinto, ese respaldo “gana ‘legitimidad subjetiva’ cuando se conecta con beneficios concretos sobre el costo de vida y la seguridad de suministro; y legitimidad colectiva cuando logra movilizar percepciones sobre generación de empleo, inversión regional, aprovechamiento de la capacidad de energía limpia y competitividad del país”. A su juicio, la oportunidad está en resolver esa tensión mostrando que la integración de energías limpias no solo responde al desafío climático, sino que también puede reducir la exposición a shocks externos y mitigar presiones sobre el costo de vida.