Las últimas horas en la evolución del conflicto en Medio Oriente están siendo particularmente caóticas, intensas y, por momentos, difíciles de interpretar. Dado el escenario marcado por el aumento de tensiones entre Estados Unidos e Israel, la profundización de la ofensiva israelí en el Líbano, y un Irán que se plantó en las negociaciones.
Israel, la doctrina Dahiye y el no iraní El primer hecho que marca el estado actual del conflicto ocurrió el lunes 1 de junio, cuando el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, impulsado por los avances militares de su ejército en el sur del Líbano —incluida la captura del simbólico castillo de Beaufort, un edificación de la época de las cruzadas— decidió escalar aún más la ofensiva. En ese contexto, ordenó atacar lo que denominó “objetivos terroristas” en Dahiye, los suburbios mayoritariamente chiíes al sur de Beirut.
Horas después, el propio ejército israelí emitió advertencias urgentes a la población civil para evacuar la zona ante la inminencia de bombardeos. Pero Dahiye no es solo un punto geográfico.
También da nombre a una doctrina militar. La llamada “doctrina Dahiya” es una estrategia israelí de guerra asimétrica que plantea el uso de fuerza masiva y desproporcionada contra infraestructura civil en zonas controladas por grupos enemigos.
Su objetivo es generar tal nivel de destrucción que se anule el valor militar del territorio, se debilite el apoyo social a las milicias y se establezca un efecto disuasorio a largo plazo. Esta doctrina nació en 2006 durante la guerra en el Líbano, cuando este mismo barrio fue prácticamente reducido a solo escombros.