1826: cuando Chile fue un país Federal (y eligió a su primer presidente) Hace exactos 200 años, en medio de los ensayos constitucionales post Independencia, Chile probó el federalismo. El 8 de julio de 1826, el Congreso Constituyente eligió al primer presidente de Chile, el vicealmirante Manuel Blanco Encalada, lo que marcó el inicio de un frustrado ensayo federal en el país.

Junto a académicos e historiadores, y documentos de la época, trazamos a fondo las claves de ese fracasado federalismo a la chilena (que no buscaba copiar exacto a EE.UU.); quiénes fueron sus promotores, qué dificultades operaron y por qué Blanco Encalada renunció apenas a los tres meses de gobierno. A las 12.15 horas del invernal 9 de julio de 1826, un edecán anunció que a la sala que recibía al Congreso Constituyente llegaban el Director Supremo, Ramón Freire, acompañado del flamante Presidente de Chile, el vicealmirante Manuel Blanco Encalada.

Héroe de la guerra de Independencia, además había servido en la Expedición Libertadora del Perú y combatido bajo las órdenes del mismo Freire en la Expedición a Chiloé, que logró anexar la isla a la soberanía de Chile, en enero de ese mismo año. Blanco había sido elegido el día anterior por el mencionado Congreso.

Al ingresar a la sala, según detalla el acta de ese día en las Sesiones de los cuerpos legislativos de la República de Chile: 1811-1845, Blanco prestó juramento y acto seguido, fue Freire, como Director Supremo saliente, quien ciñó la banda tricolor al nuevo Mandatario. Luego, Freire se ubicó a la izquierda del presidente del Congreso, el obispo José Ignacio Cienfuegos, y Blanco a su derecha.

A continuación, Blanco -entonces de 36 años- procedió a leer un breve discurso, con el que inauguraba su mandato. “Señores: Al depositar sobre mis hombros el supremo cargo con que vuestra generosidad se ha dignado honrarme, siento que la elección no sea tan acertada como bondadosa, porque mi poco mérito no puede presentar aquellas cualidades que deben acompañar al que se encarga de tan ardua empresa; pero por el bien público mis ardientes deseos, por el orden y la justicia”.