La urgencia de una ley de fomento forestal Chile lleva más de una década sin una política de fomento forestal, pese a contar con una de las industrias más competitivas del mundo y una demanda global en expansión. El resultado es una actividad que pierde superficie plantada, empleos e inversión, en circunstancias en que el país necesita precisamente lo contrario.
Y el gobierno tiene hoy una oportunidad concreta para revertirlo. El ministro de Agricultura, Jaime Campos, comprometió una propuesta de ley de fomento forestal para los próximos 60 días.
Se trata de una iniciativa largamente esperada para un sector que emplea a 250 mil personas de manera directa, representa cerca del 1,5% del PIB, genera exportaciones por unos US$ 6 mil millones anuales y constituye uno de los principales sumideros de carbono del país. La urgencia de avanzar resulta aún más evidente a la luz de las tendencias globales.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el mercado mundial de la madera podría expandirse hasta un 49% hacia 2050, impulsado por la demanda industrial. Chile, además, posee ventajas comparativas difíciles de igualar: estudios del Instituto Forestal (Infor) muestran que el pino radiata crece localmente entre 20 y 22 metros cúbicos por hectárea al año, frente a tasas de apenas 5 a 6 metros cúbicos en países forestales desarrollados como Canadá o Finlandia.
Sin embargo, el sector ha seguido una trayectoria inversa. Desde su nivel más alto de superficie plantada en 2016 se han perdido cerca de 600 mil hectáreas, más de 36 mil empleos y alrededor de 200 aserraderos han cerrado sus puertas.