Hacienda Chada, una de las principales empresas agrícolas de Chile y vinculada a la familia Barros, presentó una propuesta de reorganización judicial a sus acreedores para evitar su quiebra. La compañía busca renegociar pasivos que superan los US$ 97 millones y propuso, como parte del plan, la venta de tres campos productivos que suman más de 200 hectáreas.

La firma maneja más de 1.000 hectáreas repartidas en siete fundos ubicados en las regiones Metropolitana y de Coquimbo. Su actividad principal es la producción y comercialización de uva, cerezas y cítricos, con un modelo que va desde el cultivo hasta la distribución internacional a través de sociedades exportadoras.

Asesorada por el Estudio Nelson Contador Abogados & Consultores, la compañía presentó su solicitud de reorganización en abril pasado. Para justificarla, describió una cadena de golpes que sacudieron a la industria frutícola chilena en años recientes: la pandemia de 2020, un evento climático severo en zonas productivas en 2021, una crisis logística derivada del alza en la demanda mundial tras la emergencia sanitaria en 2022, y una caída pronunciada en los precios internacionales de la cereza en 2024, provocada por una sobreoferta en el mercado chino.

Hacienda Chada ya había intentado reducir su carga financiera antes de llegar a este punto. Vendió dos campos que totalizan 155 hectáreas y cedió el usufructo de un tercero por 192 hectáreas, lo que le permitió abonar cerca de US$ 60 millones a sus acreedores. No fue suficiente para sanear sus finanzas.

La propuesta presentada ahora a los acreedores contempla tres objetivos: la continuación total de su giro comercial, la venta ordenada de activos adicionales, y el pago del saldo de los créditos que no quede cubierto con lo que se obtenga de esas enajenaciones.