La dirigencia de Azul Azul puso en mesa la continuidad del entrenador Francisco Meneghini tras el empate con Deportes Limache y la escalada de cuestionamientos internos. El club anticipa que los resultados de la próxima semana, en el Superclásico ante Colo Colo y en la fase previa de la Copa Sudamericana, definirán el futuro del técnico.

La decisión tiene antecedentes contractuales. Meneghini firmó por dos temporadas con Universidad de Chile, con un salario mensual de 53 millones de pesos chilenos para él y su cuerpo técnico. Desde La Cisterna afirman que el contrato incluye cláusulas que permiten terminar el vínculo de forma anticipada sin pagar la totalidad del tiempo restante.

El malestar en el club no es solo numérico. La llegada de Meneghini fue una apuesta directa del gerente deportivo Manuel Mayo, quien había insistido en su contratación. Sin embargo, en el camarín existen reparos por decisiones puntuales en cancha, como el ingreso de Israel Poblete por Felipe Salomoni en el segundo tiempo contra Limache, cuando el equipo aún ganaba. Además, no pasan desapercibidos los problemas con Lucas Romero, fichaje promovido por la gerencia y que Meneghini hoy utiliza con cuentagotas, según la versión de la dirigencia.

De fondo está el rendimiento. El equipo registra su peor arranque en 20 años: en cuatro fechas de la Liga de Primera suma apenas tres puntos. Esa realidad eleva la presión sobre una concesionaria que ya evalúa escenarios deportivos y financieros.

En la agenda inmediata están dos partidos con carga simbólica y deportiva. Primero el Superclásico frente a Colo Colo, que se jugará en Macul, la comuna donde se ubica el Estadio Monumental. Luego viene el choque por la fase previa de la Copa Sudamericana, el torneo continental organizado por la CONMEBOL, la Confederación Sudamericana de Fútbol. Un traspié en Macul y una eliminación internacional abrirían la puerta a un recambio técnico.

Históricamente, los clubes grandes del fútbol chileno han reaccionado rápido ante arranques adversos, por la presión de socios, hinchas y patrocinadores. En ese contexto, quienes ganan son las directivas que buscan controlar daños temprano. Quienes pierden son el cuerpo técnico y, a corto plazo, la estabilidad del plantel, que enfrenta cambios tácticos y de liderazgo.

Para el hincha común, el impacto es directo: menos puntos, menos expectativas internacionales y mayor volatilidad en la conformación del equipo. Para Azul Azul, una eventual salida implicaría activar cláusulas y definir costos, sin garantizar una mejora inmediata en resultados.

La próxima semana será decisiva. Si Meneghini gana el Superclásico y avanza en la Copa Sudamericana, su proyecto respirará. Si suma derrotas y queda fuera internacionalmente, la concesionaria tendrá el argumento para un cambio rápido, con las consecuencias deportivas y económicas que eso conlleva.