“Me sentí muy bien, pero mis ahorros no me dan para pagarme todo el circuito”. La frase de Tomás González no es solo una declaración honesta tras su regreso a la competencia en la Copa del Mundo de Cottbus hace algunas semanas.

Es un diagnóstico incómodo del modelo deportivo chileno. Con 40 años y cinco temporadas fuera de la alta competencia, González volvió y marcó 13.500 puntos en suelo, quedando noveno entre 30 competidores.

No fue una participación testimonial. Fue rendimiento real.

Fue capacidad competitiva vigente. Fue experiencia transformada en ejecución.

Y, sin embargo, fue autofinanciado. Desde la gestión deportiva, aquí aparece el primer nudo crítico: la planificación presupuestaria y los criterios de selección.