La digitalización de los puertos y buques abre una nueva frontera de vulnerabilidad: desde la suplantación de GPS hasta el robo de pagos millonarios por correo electrónico. El sector marítimo sigue protegido para los riesgos físicos de siempre, pero desprotegido frente al riesgo que hoy crece más rápido.

En este contexto Gallagher comparte algunos tips de fácil prevención. Un buque moderno es, en buena medida, un sistema informático que flota.

Sistemas de navegación automatizados, cartas náuticas electrónicas, redes de comunicación integradas y plataformas de gestión de carga conectadas a internet: la digitalización ha transformado la industria marítima, haciéndola más eficiente y, al mismo tiempo, más vulnerable que nunca. Así lo advierte Gallagher en su reciente informe titulado “Navegando los mares digitales: la responsabilidad cibernética en la industria marítima”, donde identifica tres frentes de exposición que el sector aún no ha resuelto del todo: las vulnerabilidades operativas, los riesgos en la seguridad de los datos y las debilidades en la cadena de suministro.

A estos se suma un cuarto factor que no distingue industrias ni fronteras: la ingeniería social. Cuando el GPS miente y la carga desaparece El primer vector de ataque apunta directo al corazón de la operación marítima.

Los sistemas heredados de navegación, comunicación y gestión de carga —muchos de ellos desactualizados y sin parches de seguridad— son puertas de entrada para ciberataques con consecuencias físicas concretas. El último informe de Gallagher, publicado el 20 de mayo de 2026, describe un escenario que hasta hace poco parecía ciencia ficción: la suplantación de GPS puede provocar un posicionamiento incorrecto del buque, afectando la planificación de rutas y la seguridad de la embarcación.