La guerra que pone en peligro el sueño de futuro de los países árabes Tras una década convenciendo a Occidente de ser un refugio de seguridad y estabilidad, las poderosas naciones del Golfo Pérsico aparecen como principales perdedoras en la guerra de EEUU e Israel contra Irán. Noticias destacadas “Esta guerra debe parar de inmediato”.

El llamado no llegó desde Irán —el país que la Casa Blanca dice haber sometido militarmente tras tres semanas de operaciones conjuntas con Israel— sino desde el gobierno de Qatar, aliado de Washington y uno de los países que Donald Trump felicitó por su apoyo en la campaña contra Teherán. Horas antes, misiles iraníes habían destruido casi el 20% de la capacidad de producción del mayor campo de gas natural de QatarEnergy, el segundo mayor exportador mundial de GNL.

En tres semanas de ataques no ha habido ninguna declaración formal de respaldo a la operación militar. Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos han advertido a Irán que cese los ataques a su territorio, pero se han negado a responder militarmente o a respaldar la ofensiva, en parte porque fue iniciada por Israel.

Una semana antes del inicio de los bombardeos, Galip Dalay, analista senior para Medio Oriente de Chatham House, subrayaba el intenso lobby de los países del Golfo para que Washington resistiera la opción militar. "Para los líderes de Medio Oriente, las amenazas han cambiado: los mayores riesgos son ahora un Israel expansionista y agresivo, y el caos que provocaría el posible colapso del Estado iraní", advertía.

El interés de los países del Golfo es también económico. En la última década, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y, en menor medida, Kuwait, Baréin y Omán han trabajado metódicamente en construir una imagen de seguridad y estabilidad para el capital extranjero.