El 2 de abril de 2024, BancoEstado recibió el primer llamado sin mayor alarma: una clienta decía no reconocer un giro realizado con su propia tarjeta. Al día siguiente llegaron nueve más. Nadie supo en ese momento que esos llamados inauguraban una de las causas penales más masivas del sistema bancario chileno.

Durante tres semanas los reclamos llegaron de a poco. Hacia el 21 de abril ya eran mil casos, un número alto pero manejable para un banco de la escala de BancoEstado. Entonces llegó el 25 de abril: ese día ingresaron 1.155 reclamos. Al siguiente, 1.036 más. En 48 horas, casi una persona por minuto llamó para decir exactamente lo mismo: no reconocía un retiro hecho con su tarjeta, con su clave, en un cajero automático o una caja vecina.

El libreto era idéntico en cada llamada. Un depósito de cerca de un millón de pesos, un retiro inmediato y la misma frase repetida miles de veces: "Esa operación no la hice yo, me estafaron". Para el 30 de abril, los casos semanales llegaban a 3.288. Casi la mitad de lo que hoy investiga la Fiscalía Nacional ocurrió en apenas siete días.

Lo que BancoEstado tardó semanas en entender, la investigación fue reconstruyendo después: detrás de la avalancha no había una organización criminal sofisticada. Había TikTok.

Mientras el banco registraba sus primeros casos, en la red social comenzaron a circular videos que prometían enseñar el método. Sobre el logo de BancoEstado aparecía un mensaje simple: "Háblenme los que quieran saber cómo llenar el formulario". Los hashtags eran #viralvideo y #parati. El tutorial explicaba paso a paso cómo depositar dinero, retirarlo de inmediato y luego presentar un reclamo ante el banco alegando desconocer la operación.

La mecánica, que la prensa denominó "autorobos", aprovechaba una protección legítima del sistema financiero: cuando un cliente denuncia una transacción no reconocida, el banco está obligado a investigar y, en muchos casos, a devolver los fondos mientras resuelve la disputa. Lo que los videos omitían era la consecuencia legal.

Dos años después del primer llamado, la causa acumula cerca de 7.000 querellados y $6.386 millones retenidos por orden judicial. El fenómeno coloca en el banquillo no a hackers ni a redes organizadas, sino a miles de personas comunes que vieron un tutorial de treinta segundos y creyeron que eso bastaba para quedarse con plata ajena. BancoEstado y la Fiscalía Nacional trabajan hoy en una mesa conjunta para avanzar en un proceso sin precedentes en la historia bancaria chilena.