El martes 4 de mayo de 2004 amaneció tibio y luminoso en Winnipeg, Canadá, pero no para David Reimer. Esa mañana, más temprano, había entrado subrepticiamente a la que hasta hacía apenas dos días había sido su casa para llevarse una escopeta recortada que guardaba en el garaje y después anduvo erráticamente en su auto por las calles de la ciudad.

El sol no estaba muy alto cuando finalmente se detuvo, tomó la escopeta que llevaba en el asiento del acompañante y se destrozó la cabeza con un disparo. Tenía 38 años y a lo largo de su vida había nacido hombre, después lo “convirtieron” en mujer y más tarde, al descubrirlo, decidió volver a ser hombre.

El disparo fatal de la mañana de ese 4 de mayo marcó el final de los sufrimientos del niño que fue inscripto como Bruce al nacer, fue criado como Brenda por sus padres durante años, sin que le revelaran su género de nacimiento, hasta que, al ver que el experimento con que habían intentado darle una vida feliz no funcionaba, le revelaron la verdad y él quiso llamarse David. PUBLICIDAD Con todos esos nombres fue víctima de una experiencia médica y psicológica que en teoría le permitiría llevar una vida normal como mujer, pero nada funcionó.

Su tragedia comenzó cuando tenía apenas ocho meses y una mala praxis médica le destruyó el pene. Lo que pasó después fue una acumulación de errores y manejos bioéticos inescrupulosos que le deterioraron la vida.

Y también la de toda su familia: su padre, su madre, su hermano gemelo y también la de su mujer. Gemelos con diferente suerte A Ron y Janet Reimer la paternidad les llegó muy temprano, cuando todavía eran adolescentes, y por partida doble porque el 22 de agosto de 1965 Janet tuvo gemelos varones en un hospital de Winnipeg.