El cine de terror siempre se ha caracterizado por ser el caldo de cultivo de las ideas más revolucionarias y los proyectos más inesperados que, de alguna manera conectan con la realidad de nuestro tiempo a través de nuestros miedos más atávicos. Así, en los últimos tiempos, hemos asistido al crecimiento de directores como Jordan Peele (Déjame salir), Osgood Perkins (Longlegs), Zack Cregger (Weapons) o los hermanos Philippou.
Pero ahora, hay una ola de autores todavía más jóvenes dispuestos a dinamitar las bases del terror convencional para darle un nuevo sentido dentro de nuestra contemporaneidad. PUBLICIDAD Entre ellos se encuentra Kane Parsons, de apenas 20 años y surgido del ámbito de YouTube y que debuta en el largometraje con una adaptación, más bien expansión, de su propia antología viral colgada en Internet, formada por una serie de cortometrajes que acumularon millones de visualizaciones y donde se encontraba el germen de este proyecto que crea toda una mitología propia, Backrooms.
Dos personajes frente a lo desconocido La película se ambienta en los años 90 y sigue a dos personajes. Por una parte a Clark (Chiwetel Ejiofor), un arquitecto fracasado, separado de su mujer por problemas con el alcohol y que regenta una tienda de muebles de descuento.
Por otra, a Mary, su terapeuta (Renate Reinsve), una mujer que arrastra toda una serie de traumas derivados de una infancia marcada por la convivencia con una madre con problemas mentales. PUBLICIDAD La realidad se romperá cuando Clark descubra que, en el sótano de su negocio, hay una pared que se puede traspasar y que conduce a un espacio alternativo, una extensión de su tienda deformado a medio camino entre un ‘scape room’ y un estado mental ‘pesadillesco’.
A partir de ese momento, nos introduciremos en un universo repleto de extrañeza donde las reglas de la lógica saltarán por los aires para mostrarnos un laberinto tanto físico como un descenso interior a los propios infiernos, a los monstruos más recónditos que habitan nuestra mente. PUBLICIDAD Las claves de ‘Backrooms’ ¿Qué es un ‘backroom’?