El mundo está librando tres guerras al mismo tiempo y las tres se pelean, en el fondo, por lo mismo: recursos mineros que chile los tiene y LATAM también. La guerra comercial entre Estados Unidos y China es una guerra por los minerales críticos y la supremacía tecnológica, incluso hasta egos y una hoguera de vanidades en juego; la de Rusia y Ucrania reordenó la energía y los fertilizantes del planeta; y el conflicto entre Irán e Israel tiene al estrecho de Ormuz —por donde pasa un quinto del petróleo mundial— convertido en el termómetro de la economía global.
El Banco Mundial ya puso números al desorden: la energía subirá 24% este año, los fertilizantes 31%, y los metales básicos están en máximos históricos mientras el crecimiento mundial cae a 2,5%. ¿Pero por qué pasa esto?
¿Por qué no hay paz en el mundo? Primero por el apetito voraz de las superpotencias, al no tener materias primas presionan a los países que las poseen ya sea con aranceles o invasiones como en ucrania o guerras inconscientes.
“Pero las próximas guerras se librarán en las minas”. En la guerra comercial conviene decir lo que pocos dicen: nadie está ganando.
Estados Unidos conserva la frontera tecnológica -los chips de inteligencia artificial, el mercado de capitales, el dólar-, pero China demostró en 2025 que sin sus tierras raras se paran fábricas occidentales en sesenta días, y hoy refina 19 de los 20 minerales estratégicos del planeta con una cuota promedio del 70%. La tregua firmada en Pekín en mayo vence en noviembre: es una pausa entre dos asaltos, no la paz.