La cruzada del chef Juan Ozaki desde Pichilemu para llevar a Kanpai al selecto grupo de los mejores restaurantes de Latinoamérica Tras una trayectoria que incluye pasos por restaurantes como Matsuri del Mandarin Oriental, Osaka, Benihana y proyectos propios ligados a la cocina nikkei, el chef Juan Ozaki —de madre chilena y padre peruano-japonés— asumió el desafío de liderar la transformación gastronómica de Kanpai en Pichilemu. Desde la ciudad costera, el cocinero busca profesionalizar la propuesta del restaurante, potenciar los productos locales y posicionar la marca dentro del circuito latinoamericano de alta cocina nikkei, con el objetivo de ingresar al selecto grupo de los mejores restaurantes de la región.Por Felipe Betancour 17 de Mayo de 2026 Compartir Juan Ozaki está ligado de alguna manera a la gastronomía desde 1994, cuando, siendo menor de edad y con permiso de sus padres, entró a trabajar en el Telepizza de la Rotonda Atenas.

Más de 30 años después, ha pasado por una decena de restaurantes, pero hay algo que no había experimentado hasta la que se convirtió en el chef de Kanpai, en Pichilemu, donde tiene el mar en primer plano. El restaurante cuenta con una ubicación privilegiada, con la arena a sus pies.

Ozaki vive desde enero en Pichilemu, la capital del surf, una ciudad que ha tenido un desarrollo exponencial tanto en población como en oferta gastronómica, con apuestas como Mareal de Gustavo Moreno o Los Piures fundado por Matías Arteaga. El chef, nacido en Lima pero radicado en Chile desde niño junto a su familia, asumió como chef ejecutivo del Grupo Boca, del empresario gastronómico Diego Blanco, que ya cuenta con tres restaurantes en la ciudad: Bocas del Mar, Kanpai y el recién inaugurado Mar Callao.

De los tres restaurantes, el proyecto más ambicioso es Kanpai, una propuesta de cocina fusión peruano-japonesa ubicada al borde de la playa. En esta nueva etapa, Ozaki busca volcar toda la experiencia acumulada durante años en el rubro, donde destaca su paso liderando el restaurante Maturi del Hotel Mandarin durante siete años.

“Es una cocina honesta, muy ligada a los productos de temporada y donde la técnica tiene un rol fundamental. Cuando llegué a Kanpai, por ejemplo, se hacían tiraditos y sashimis que no tenían un estándar claro.