Ignacio González lleva más de una década jugando en Chile, pero hoy su nombre aparece en conversaciones que van mucho más allá del fútbol. El arquero de 36 años, actual portero del Everton de Viña del Mar, construyó en paralelo a su carrera deportiva una empresa inmobiliaria que lleva cinco años operando.

El punto de partida no fue un bono millonario ni un contrato en el extranjero. González comenzó a invertir cuando ganaba $900 mil al mes, en la época en que acumulaba minutos como suplente en el Colo Colo tetracampeón. "Con un sueldo de $900 mil empecé a comprar y a hacer mis primeras inversiones. Eso me empezó a dejar más que el fútbol", contó el golero formado en el Cacique.

La empresa tiene dos áreas: corretaje de propiedades y asesoría integral para guiar a los clientes en el proceso de inversión inmobiliaria. Pero el arranque fue cuesta arriba. González, que estudió Ingeniería Comercial para tener más herramientas, recuerda que en un principio bancos e inmobiliarias le cerraron puertas por su condición de futbolista. "Los contratos son cortos y está la mala fama de que somos desordenados financieramente", explicó.

Con el tiempo, el proyecto creció y sumó personal. Hoy el arquero trabaja junto al SIFUP (Sindicato de Fútbol Profesional de Chile) para promover la educación financiera entre los jugadores del fútbol nacional, un problema que él vivió de cerca al ver a colegas llegar al retiro sin ahorros. "Es muy común que los deportistas terminen sin nada, muchos terminan quebrados. Son pocos años de carrera y todo es incierto", aseguró.

El impacto más concreto del negocio fue en su tranquilidad deportiva. González afirma que pudo haberse retirado a los 30 años sin problemas económicos, algo inusual para un futbolista chileno. A los 36 años sigue bajo los tres palos en el estadio Sausalito de Viña del Mar, pero con la certeza de que el fútbol ya no es su única fuente de ingresos.