Las dos almas del gobierno Hace unas semanas, el Servicio de Impuestos Internos estableció la obligación de pago de IVA para plataformas extranjeras de apuestas online. Las mismas plataformas que la Corte Suprema había declarado ilegales y que el propio Ministerio de Desarrollo Social y Familia identificó como un problema de salud pública por su impacto en niños y adolescentes y en las dinámicas al interior de las familias.
El ministro Quiroz defendió la medida señalando que el deber del SII es recaudar impuestos, pasando por alto la ilegalidad de las plataformas y sus nocivos efectos sociales ampliamente documentados. La respuesta de Quiroz es técnicamente correcta.
Pero esa exactitud técnica es precisamente el problema. La misión del Estado no puede realizarse sin una visión subyacente, que discrimine lo bueno de lo malo.
Recaudar impuestos de una actividad ilegal es, quiérase o no, legitimarla. Lo que este episodio revela no es solo un conflicto de competencias entre ministerios, sino una diferencia más honda, una tensión que parece estar instalándose en el corazón del gobierno.
Aunque el Partido Republicano haya decidido no hacer referencia a él en campaña, su ethos es conocido: la preponderancia de la familia, el derecho a la vida, la libertad y sus garantías aparejadas, la trascendencia, el bien y la verdad como realidades objetivas. La Cuenta Pública lo ratificó al presentar las agendas de economía y seguridad al servicio de las familias, y donde la perspectiva familiar se planteó no como responsabilidad exclusiva del Ministerio de Desarrollo Social, sino como un lente, un mandato transversal desde el cual cada ministerio diseñaría, implementaría y evaluaría sus políticas.