Chile dio un paso importante cuando promulgó la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, la Ley REP. Con ella, el país estableció algo que parece simple pero no lo es: quienes introducen productos al mercado son responsables de lo que ocurre con sus residuos.
Para la agricultura, eso se traduce en una obligación concreta para las empresas que comercializan en el país productos agroindustriales tales como fitosanitarios, fertilizantes foliares, bioestimulantes, entre otros: deben asociarse a un sistema de gestión reconocido —como CampoLimpio— para garantizar la recolección, el tratamiento y el reciclaje de los envases que ponen en circulación. La pregunta ya no es si hay que hacerse cargo, sino cómo.
No es una pregunta menor. Estos envases rígidos vacíos – plásticos y metálicos- requieren un manejo diferenciado y especializado mediante la técnica del Triple Lavado para poder reciclarse.
Si no se gestionan correctamente, representan un riesgo real para las personas, el suelo y el agua. Por eso el marco normativo que establece, el Ministerio de Medio Ambiente, y que fiscaliza la Superintendencia del Medio Ambiente, no es solo un cumplimiento administrativo: es un compromiso con la trazabilidad y la sustentabilidad del sector.
Desde CampoLimpio llevamos más de 25 años trabajando en la gestión de envases fitosanitarios vacíos: mucho antes de que existiera la Ley REP, ya recuperábamos envases en terreno y concientizábamos a los agricultores sobre la importancia de un manejo adecuado. La ley vino a consolidar y a escalar lo que para nosotros ya era una convicción.