Lo que comenzó como una enfermedad aguda se ha transformado, para muchos, en una condición crónica e impredecible. El Covid persistente emerge como una de las secuelas más complejas de la pandemia, afectando la calidad de vida de pacientes que, pese a haber superado la fase crítica, aún no logran recuperar su bienestar.

Este virus fue declarado pandemia en marzo de 2020 por la Organización Mundial de la Salud y causó millones de decesos en los primeros meses de casos en todo el mundo. Gracias a las vacunas, muchos otros lograron salvar sus vidas y hacer anticuerpos frente a esta peligrosa enfermedad.

El doctor Rodrigo Jara, académico de la carrera de Medicina de la U. Andrés Bello, sede Concepción, detalló que el COVID persistente (también llamado COVID prolongado) es una condición en la que los síntomas de la infección aparecen de forma nueva más de 3 meses después de haber tenido la enfermedad, y persisten al menos 2 meses.

“Puede afectar a personas que tuvieron COVID, incluso en quienes presentaron la enfermedad de forma leve. Es una enfermedad que puede afectar a varios órganos, no sólo al pulmón, como corazón, cerebro, músculos, articulaciones”, detalló.

Detección El académico UNAB precisó que es una enfermedad crónica, ya que sus síntomas pueden durar meses o años, con periodos de mejoría y recaídas. “No es solo ‘secuelas’ temporales; es una condición crónica que requiere seguimiento a largo plazo.