El invierno no solo trae bajas temperaturas, sino también un escenario sanitario más exigente. La alta circulación de virus respiratorios —como influenza, virus respiratorio sincicial (VRS) y rinovirus— se convierte en una amenaza mayor para las personas sobre los 40 años, grupo en el que comienzan a evidenciarse cambios en el sistema inmune, el metabolismo y la capacidad de respuesta del organismo.

Frente a este contexto, Francia Rivera Droguett, académica de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, enfatiza que “a partir de los 40 años, la prevención deja de ser una opción y se transforma en una necesidad. El cuerpo ya no responde de la misma manera frente a infecciones o cambios bruscos de temperatura”.

A esto se suma el llamado “estrés térmico”, que corresponde al impacto de las bajas temperaturas sobre el sistema respiratorio y el uso de métodos de calefacción que pueden deteriorar la calidad del aire interior. “Muchas veces las personas se enfocan solo en abrigarse, pero olvidan que el ambiente en el que viven también influye directamente en su salud respiratoria”, advierte la académica UNAB.

  1. Control de enfermedades y cuidado del entorno El primer paso es mantener bajo control patologías de base como hipertensión, diabetes, asma o EPOC.

A juicio de la experta, “las enfermedades crónicas descompensadas aumentan significativamente el riesgo de hospitalización por infecciones respiratorias”. En paralelo, el entorno doméstico juega un rol clave.