Mientras Gran Bretaña anuncia que prohibirá las redes sociales para menores de 16 años, siguiendo el camino que ya abrió Australia, el gobierno chileno impulsa su propia respuesta: bloquear ese acceso mediante la Clave Única, el sistema de identificación digital del Estado. La propuesta, adelantada por la ministra de Desarrollo Social y Familia, María Jesús Wulf, encendió un debate que cruza partidos y hogares: ¿quién debe tener el control?
Wulf planteó la idea a comienzos de junio. Según explicó, "el hecho de que nosotros en Chile tengamos Clave Única desde el Estado puede ser un mecanismo en que desde esa plataforma se le comunica a la red social o a la app store que esta persona cumple o no con el perfil adecuado para acceder a este contenido". La ministra reconoció que hay una preocupación "muy transversal" por lo que ocurre en las plataformas vinculadas a jóvenes y niños, aunque advirtió que "todavía quedan varias conversaciones pendientes".
La propuesta no estuvo exenta de críticas. El ex candidato presidencial Johannes Kaiser fue uno de los que cuestionó delegar en el Estado el control del acceso digital de los menores.
El contexto internacional pesa. Australia aprobó una legislación que prohíbe a las plataformas admitir usuarios menores de esa edad, con sanciones millonarias para quienes no cumplan. Gran Bretaña, según informó The Clinic, anunció que seguirá ese mismo camino. La tendencia de ambas democracias acelera el debate en los países que aún no han legislado al respecto.
Pero para muchas familias chilenas, el control sigue siendo un asunto doméstico. Pedro, de 37 años, acordó con su pareja que su hija de 13 no tendría redes sociales hasta los 14. A partir de esa edad, el plan es acompañarla con herramientas de control parental hasta los 18. "Puede parecer súper estricto, pero es lo que nos planteamos como familia", dice. La adolescente sí tiene acceso a Spotify y a YouTube, este último supervisado.
Natalia, madre de dos hijas de 14 y 11 años, optó por una gestión activa desde el dispositivo. La mayor usa Instagram y TikTok; la menor, solo esta última. Tiene instalado Family Link, la herramienta de control parental de Google, para monitorear el uso.
El nudo del debate es ese: si una ley puede hacer lo que el hogar no siempre logra, o si la intervención estatal introduce riesgos de privacidad que no compensan los beneficios. Quienes apoyan una regulación legal argumentan que las plataformas no tienen incentivos para autorregularse. Quienes se oponen señalan que ese rol pertenece a la familia.
El gobierno no ha presentado aún un proyecto de ley formal. La ministra Wulf dejó claro que la definición del mecanismo concreto, incluida la Clave Única, sigue en conversaciones. Chile observa cómo Australia y Gran Bretaña avanzan antes de dar el próximo paso legislativo.
