Si en Chile hay un electrodoméstico que se convirtió en objeto de deseo durante la pandemia, fue el robot de cocina. La promesa es clara: metes los ingredientes, eliges una receta en la pantalla táctil, y el aparato pica, mezcla y cocina mientras tú haces otra cosa. El problema siempre fue el precio: Thermomix, el líder indiscutido del segmento en el país, supera el millón y medio de pesos. Kitchen Center intenta llenar ese vacío con el Robert FDV.
El equipo cuesta un millón de pesos y tiene dos argumentos de venta principales. El primero es técnico: un motor de 1.400 W de potencia y 1.000 W de calor que le permiten amasar, picar, triturar, hervir, cocinar al vapor y emulsionar, que es básicamente crear salsas como mayonesa o vinagretas en segundos. El segundo es práctico: una jarra de acero inoxidable de 4,5 litros de capacidad, casi el doble del estándar del mercado, que suele andar entre 2 y 2,2 litros.
Ese dato del tamaño no es menor. Si cocinas para cuatro personas o más, el problema clásico de los robots de cocina es tener que preparar sopas o arroz en dos tandas separadas. Con 4,5 litros, eso desaparece.
El tercer diferenciador es el modelo de recetas. El Robert FDV se conecta a Wi-Fi y viene con más de 200 preparaciones guiadas, que la pantalla táctil ejecuta paso a paso. No hay suscripción mensual. Algunos competidores cobran un acceso mensual para desbloquear las instrucciones, lo que suma al costo real del equipo a lo largo del tiempo.
Lo que el Robert FDV no hace tampoco lo hacen sus rivales directos: no hornea, no gratina, y algunos ingredientes hay que procesarlos antes de meterlos a la jarra. Tampoco emplata ni se lava solo. Son las limitaciones de la categoría, no fallas del equipo en particular.
La duda real es la durabilidad. Thermomix lleva décadas en el mercado y tiene red de servicio técnico consolidada en Chile. El Robert FDV es un jugador más nuevo, y el soporte postventa será clave para saber si el ahorro de 500 mil pesos frente a Thermomix vale realmente la pena a largo plazo.
