La segunda vuelta de la elección presidencial en Perú del domingo 7 de junio, que disputan la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez, no se define solo entre ambas tendencias, sino entre fujimorismo y antifujimorismo, las corrientes que han dividido al paÃs en torno a un apellido que ha marcado la polÃtica peruana desde hace más de 30 años. Tras históricas manifestaciones en las últimas décadas, que llegaron a reunir a decenas de miles de personas, los comicios de este año han mostrado, sin embargo, un menor activismo del antifujimorismo, que apenas salió a las calles el último sábado para rechazar a la hija y heredera polÃtica del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000).

Elección presidencial en Perú Esto fue evidente durante la campaña para la primera vuelta celebrada el 12 de abril, donde no hubo ninguna manifestación ni protesta masiva especÃfica contra el fujimorismo, a pesar de que todos los sondeos ya indicaban que Keiko iba a ser la candidata más votada y pasarÃa a la segunda vuelta presidencial. Antes de las elecciones, el “antivoto” a Fujimori, marcado por aquellos que señalan que de ningún modo votarÃan por ella, era del 66 %, pero a pocos dÃas de la segunda vuelta bajó hasta el 44 %.

En Perú siempre se ha señalado que la fuerza que definÃa las elecciones presidenciales era el antifujimorismo, que fue decisivo cuando Keiko perdió en segunda vuelta ante Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021), en las dos últimas por tan solo unos 40.000 votos de diferencia. El movimiento, liderado por los colectivos civiles ‘No a Keiko’ y ‘Fujimori nunca más’, alcanzó tal impacto en la polÃtica peruana que se llegó a afirmar que era el “partido polÃtico más importante” del paÃs, que solo se activaba para cada elección.

Antes de la segunda vuelta electoral de 2021, el antifujimorismo salió a las calles en más de veinte ciudades para plantear la “defensa de la democracia” y rechazar la reivindicación que la candidata siempre ha hecho del gobierno de su progenitor, quien fue condenado por delitos de corrupción y lesa humanidad. Keiko Fujimori asegura hasta ahora que durante el mandato de su padre, que fue reelegido dos veces a pesar de que en abril de 1992 dio un golpe de Estado, se cometieron “errores”, como califica a los delitos por los que se emitieron sentencias judiciales por violaciones a los derechos humanos y corrupción.

La candidata reivindica un legado ampliamente repetido por sus seguidores: Alberto Fujimori “pacificó al paÃs”, en referencia a la derrota del grupo subversivo Sendero Luminoso, y estabilizó la economÃa nacional tras la hiperinflación generada durante el primer gobierno del también ya fallecido Alan GarcÃa (1985-1990). Durante el actual proceso electoral, el antifujimorismo tan solo convocó para el pasado sábado una manifestación que tuvo como epicentro a la Plaza San MartÃn, en el centro histórico de Lima, donde se reunieron grupos sociales, civiles y polÃticos para rechazar nuevamente la posibilidad de que la hija del exmandatario gobierne al paÃs.