El papa criticó este jueves a Europa porque "no se puede hablar de dignidad y dejar que los mares sean cementerios", en referencia a los inmigrantes que tratan de llegar desde África aun a riesgo de morir en el intento. "No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido", reprochó León XIV a toda la comunidad internacional en un discurso pronunciado este jueves en el muelle de Arguineguín (isla española de Gran Canaria).

La voz de la Iglesia En este drama, aseguró el pontífice, "la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados" en el mar. Y se preguntó "si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar".

"La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegado únicamente a algunos voluntarios. No podemos pasar de largo ante los cayucos y las pateras", resaltó.

Examen de conciencia El papa se desplazó hoy de la ciudad peninsular de Barcelona a las islas atlánticas españolas de las Canarias, "donde llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad": los miles de inmigrantes que todos los años se juegan la vida en travesías marítimas inciertas para alcanzar territorio europeo. Precisamente el muelle de Arguineguín fue conocido en 2020 como "puerto de la vergüenza", puesto que se hacinaron más de 2.300 inmigrantes durante varios días.

Por ello, el drama migratorio "debe convertirse en examen de conciencia". Llamada de atención a las autoridades El papa espera, según su durísima alocución, que la voz de los dramáticos testimonios de inmigración que escuchó este jueves en Arguineguín lleguen "a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas" sobre esta cuestión.