Treinta y siete años después de la masacre de Tiananmen las demandas de verdad y rendición de cuentas volvieron a escucharse este jueves por parte de familiares de las víctimas, organizaciones de derechos humanos, Taiwán y Hong Kong, frente al silencio de China, donde el episodio sigue siendo el mayor tabú político del país. Mientras en China continental cualquier referencia pública a la efeméride permanece sometida a una estricta censura, distintas voces dentro y fuera del mundo chino aprovecharon el aniversario para reclamar verdad, justicia y un reconocimiento oficial de lo ocurrido.
Las autoridades de Pekín, por su parte, mantuvieron sin cambios una postura que considera zanjada la cuestión y evita cualquier revisión de los acontecimientos de 1989. Memoria frente al silencio Las Madres de Tiananmen, grupo formado por familiares de víctimas de la represión militar de 1989, reclamaron a las autoridades chinas que aclaren cuántas personas murieron, resultaron heridas o desaparecieron y exigieron que el Gobierno "afronte honestamente" lo ocurrido, "haga pública la verdad" y "rinda cuentas" ante las familias y la sociedad china.
Las organizaciones Human Rights Watch (HRW) y Network of Chinese Human Rights Defenders (CHRD) denunciaron -asimismo- la censura y la persecución de quienes tratan de conmemorar el aniversario, y advirtieron de que las autoridades nunca han investigado ni juzgado a los responsables de la represión. Desde Taiwán, el presidente Lai Ching-te instó a Pekín a "reconocer la verdad, aliviar el dolor y abrir un camino hacia la reconciliación y el diálogo", y aseguró que un país verdaderamente grande debe tener "el valor de afrontar las heridas de su historia".
Una postura sin cambios Frente a esas demandas, las autoridades chinas mantuvieron la misma posición que han sostenido durante décadas. El Gobierno reiteró este jueves que ya existe una "conclusión clara" sobre los sucesos de 1989 y acusó a Estados Unidos de "distorsionar los hechos históricos" e interferir en sus asuntos internos, en respuesta a unas declaraciones del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.
La vocera del Ministerio de Exteriores, Mao Ning, recordó que Pekín considera zanjada la cuestión relativa a la "agitación política ocurrida a finales de los años ochenta" y expresó la "fuerte insatisfacción y firme oposición" de China a las palabras del jefe de la diplomacia estadounidense. Rubio había afirmado la víspera que "ningún intento puede borrar la historia" y aseguró que quienes sacrificaron sus vidas para defender la libertad de expresión y de reunión pacífica "algún día serán reivindicados".