Desde Madrid Cuando se politiza la Justicia, peligra uno de los baluartes de la Democracia. Cuando se judicializa la política, la Democracia salta en pedazos.
El pasado 7 de enero de este año, el periodista Jesús Caballero Ragel escribió un artículo en el periódico digital español “La Voz del Sur”, que titulaba “Golpe de Estado Judicial” y que contenía este párrafo: “Siguiendo un viejo estudio de Curzio Malaparte -fallecido en 1957- titulado “La técnica del golpe de Estado”, considera que no hacen falta solo actos de fuerza militar para conseguir hacerse con el estado, sino que es vital hacerse con todas las esferas del poder, incluyendo el aparato mediático y el judicial para conseguir los objetivos. Malaparte era un fascista convencido que ha pasado por ser el Maquiavelo del siglo XX”.
Este artículo de Caballero Ragel no sólo denunciaba una realidad lacerante que está ocurriendo en España, sino que advertía de lo que ha venido más adelante, hasta estos días. También el magistrado emérito del Tribunal Supremo, José Antonio Martín Pallín, considera que en España se está produciendo un golpe de estado judicial, al acusar de corrupción al ex Presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, para afectar al actual presidente Pedro Sánchez, del cual ha sido su principal aval político La oposición española se ha lanzado como lobos contra Sánchez a la caza del poder, al cual no pudieron llegar por no alcanzar la mayoría en el Parlamento, cuestión que sí hizo Sánchez, cumpliendo el mandato de la Constitución.
Si nos alzamos en una mirada macro cósmica, veremos que los planteamientos de Curzio Malaparte están siendo aplicados a rajatabla en la actual realidad mundial. En este aspecto, quiero recomendar al ex Ministro de Economía de Grecia, Yanis Vardufakis, quien ha denunciado con claridad lo que llama “el Tecnofeudalismo” que aplican los millonarios que hoy dominan el mundo.
Elon Musk, propietario de X y Tesla; Jeff Bezos, de Amazon; y Mark Zuckerberg (que lo fue de Facebook y ahora de Instagram y whatsapp), son tres de los principales apoyadores de Donald Trump. No en vano estuvieron en primera fila cuando éste asumió por segunda vez la Presidencia de Estados Unidos.