Perseguir el dinero no es un exceso ni una concesión al poder del Estado. Es una obligación frente a organizaciones criminales que hoy operan con recursos, tecnologÃa y capacidad de infiltración cada vez más sofisticadas.
El crimen organizado no se sostiene por la fuerza de las armas. Se sostiene por la fuerza del dinero.
Detrás de cada banda dedicada al narcotráfico, al contrabando, al lavado de activos o a cualquier actividad criminal compleja, existe una estructura financiera que permite comprar voluntades, adquirir bienes, ocultar ganancias y expandir sus operaciones. Por eso, si queremos combatir seriamente a las organizaciones criminales, debemos dejar de mirar únicamente a quienes ejecutan los delitos y comenzar a perseguir con la misma intensidad el dinero que los financia.
El Estado llega tarde. Mientras las policÃas y los tribunales avanzan sobre quienes cometen delitos, las ganancias obtenidas ilegalmente siguen circulando, se transforman en propiedades, empresas o inversiones y terminan infiltrando la economÃa formal.
Esa es precisamente la fortaleza del crimen organizado: convertir recursos ilÃcitos en poder económico y, posteriormente, en influencia social. El proyecto que crea el Subsistema de Inteligencia Económica apunta justamente a ese objetivo.