Vladímir Putin admitió este domingo que Rusia enfrenta una escasez de combustible que ya produce filas en estaciones de servicio en varias regiones del país. La revelación ocurrió durante una reunión del Consejo de Ministros, donde el mandatario anunció que el Kremlin evalúa prohibir por completo las exportaciones de diésel para asegurar el abastecimiento interno.
La situación tiene un origen claro: Ucrania ha intensificado sus ataques contra refinerías e infraestructura petrolera en territorio ruso y en zonas bajo ocupación de Moscú. Los drones ucranianos han dañado instalaciones clave en los últimos meses, y el impacto ya se siente en los surtidores.
"Hay colas en las gasolineras y los tipos de gasolina que se necesitan no siempre están disponibles", reconoció Putin ante sus ministros. El presidente confirmó además que "se está considerando la necesidad de introducir una prohibición total a la exportación de gasóleo", sin precisar plazos.
Las principales refinerías rusas operan a máxima capacidad. El Gobierno trabaja para incorporar plantas de menor escala y redujo los periodos de mantenimiento programado. Para julio, el Kremlin proyecta que la producción de combustibles primarios superará la de junio.
Las reservas estratégicas comenzaron a derivarse al mercado doméstico. Actualmente hay cerca de 1,7 millones de toneladas de gasolina almacenadas, un 4% menos que en el mismo periodo del año anterior.
El punto más sensible es el sector agrícola, que enfrenta la escasez en plena temporada de cosechas. Putin prometió priorizar el campo: "se está haciendo todo lo posible para garantizar que las empresas agrícolas tengan el suministro de combustible previsto, porque la cosecha depende de ello".
El Kremlin no entregó plazos para una eventual prohibición de exportaciones. Si se concreta, afectaría los flujos de diésel ruso que aún llegan a mercados de Asia y el Medio Oriente, los únicos destinos que mantienen compras regulares desde que las sanciones occidentales cerraron el mercado europeo en 2022.