La Operación Tokio dejó al descubierto una nueva dimensión de la presencia del crimen organizado en Chile: su capacidad para insertarse en la economÃa formal. Pero esta infiltración no consistió en hackear bancos ni recurrir a sofisticados ataques informáticos o vulneraciones de seguridad, sino en la participación de funcionarios dentro del propio aparato financiero.

Según los antecedentes reunidos por la FiscalÃa, el Tren de Aragua no necesitó vulnerar los sistemas de seguridad de las entidades financieras. En cambio, habrÃa incorporado a personas que trabajaban dentro del sistema bancario para facilitar operaciones, flexibilizar controles y ayudar a mover grandes sumas de dinero sin despertar sospechas inmediatas, actuando como facilitadores para blanquear activos provenientes de delitos como la extorsión, el narcotráfico y la trata de personas.

Aunque la investigación ya permitió identificar a personas vinculadas al sistema financiero que habrÃan colaborado con la organización, todavÃa queda una pregunta abierta: si se trata de casos puntuales o de una estrategia más extensa de penetración en la banca chilena. 75 mil millones de pesos blanqueados De acuerdo con las investigaciones, la célula “Los Shelby” blanqueó aproximadamente $75 mil millones en Santiago mediante dos vÃas principales: la creación de sociedades ficticias a través de testaferros y la cooptación de locales nocturnos en el barrio Bellavista.

Allà mezclaban las ganancias de sus crÃmenes y extorsiones a otros comerciantes, a quienes obligaban a ceder sus locales, y de otras actividades delictuales con los ingresos de los recintos, incluso pagando impuestos para dar apariencia de legalidad al dinero y eludir los controles. Es aquà donde entran en juego los trabajadores de los bancos.

Para que estos montos circularan por el sistema formal sin generar alertas, contaron con la colaboración de ejecutivos bancarios que habrÃan facilitado la apertura de múltiples productos financieros y operaban “cuentas puente” diseñadas especÃficamente para fragmentar el dinero y hacerle perder su trazabilidad. Una vez que el dinero estaba dentro del sistema bancario a nombre de las empresas fachada, se procedÃa a su exportación: el dinero era transferido a empresas transnacionales para mezclarlo con capitales globales, donde gran parte de los fondos se convertÃa en criptoactivos para borrar definitivamente el rastro del dinero; aunque las autoridades lograron incautar unos 370 mil dólares en estas divisas digitales.