Cuando Chile introdujo los octógonos negros de advertencia en los alimentos en 2016, se convirtió en el primer país del mundo en adoptar ese sistema. Diez años después, la Ley 20.606, más conocida como la ley de etiquetado de alimentos, llega a su aniversario con una ciudadanía que la respalda de forma mayoritaria, pero con señales de cierto desgaste, según un estudio de Activa Research publicado esta semana y reportado por Publimetro.

El 72% de los chilenos dice estar de acuerdo con la normativa, aunque la cifra muestra una tendencia a la baja respecto a mediciones anteriores. Lo que sí ha crecido es la atención que la gente le pone a lo que compra: en 2016, solo el 38% de los consumidores declaraba revisar en detalle los componentes nutricionales al momento de comprar; en 2026, ese porcentaje subió a 47%.

El modelo chileno no se quedó solo. Perú lo adoptó en 2019, México en 2020 y Uruguay en 2021, mientras Argentina siguió después. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo reconocen hoy como el sistema de advertencia nutricional más eficaz a escala global.

Uno de los hallazgos más reveladores de la medición tiene que ver con qué ingrediente genera más alarma en los consumidores. En 2016, las grasas saturadas dominaban esa percepción con un 49%. Diez años después, cayeron al 36%, mientras el azúcar escaló del 27% al 41%, posicionándose como la categoría que los chilenos consideran más perjudicial para la salud. La percepción de "grasas saturadas más azúcar" como la combinación más nociva también subió, del 36% en 2018 al 52% en 2026.

El cambio se nota en la canasta de compras. El 68% de los encuestados declara comprar menos o haber dejado de adquirir productos con el sello "Alto en azúcar". Esa cifra fue más alta en 2017, cuando llegó a su máximo histórico de 73%, lo que apunta a cierto desgaste en el efecto disuasivo de los sellos con el tiempo.

La mitad de los participantes, el 50%, declaró haber notado una mejora en su salud o en la de su familia desde que redujo el consumo de productos con sellos. El propio estudio de Activa Research concluye que la caída desde el 73% histórico de 2017 al 68% actual en quienes evitan el azúcar refuerza la necesidad de renovar los estímulos regulatorios para que los octógonos no pierdan el poder que tuvieron en su primera década.