Review de Resident Evil Requiem: la madurez de una franquicia que no recurre a la nostalgia fácil Desde su debut en 1996, la saga Resident Evil ha superado los 183 millones de videojuegos vendidos en todo el mundo, consolidándose como un referente absoluto del género conocido como “terror de supervivencia”. El reciente lanzamiento de Resident Evil Requiem -disponible para PS5, Xbox Series X|S, PC y Nintendo Switch 2- marca un punto de inflexión operativo y narrativo para la emblemática saga de Capcom.
Lanzado hace un par de semanas, el título dirigido por Koshi Nakanishi logra equilibrar dos filosofías de diseño que históricamente han dividido a los usuarios: la tensión del terror puro y la acción orientada al combate. La estructura de Resident Evil Requiem se sostiene sobre un sistema que resulta efectivo para mantener la atención del jugador.
Por un lado, Grace Ashcroft encarna el horror lento y opresivo de RE7, con sigilo en primera persona por un hospital infestado de zombies que retienen memorias humanas -una sirvienta limpiando, un chef cortando carne-, volviéndolos impredecibles y explotables para escapar. Además, su arsenal de origen artesanal genera tensión en la gestión de recursos.
Esta ansiedad se amplifica con cadáveres que reviven, ecos de los crimson heads originales pero pulidos a la perfección. Por otro lado, Leon S.
Kennedy revive el caos de RE4 en tercera persona, con hachas y armas zombies, de la mano de una narrativa que explora el trauma y el legado sin caer en la nostalgia vacía. El regreso a una Raccoon City desolada y fiel al remake de RE2 funciona como telón de fondo, pero es en los números y la técnica donde Resident Evil Requiem demuestra su verdadero espesor.