La acusación constitucional contra Nicolás Grau, ex ministro de Hacienda, terminó de revelar las grietas internas del oficialismo. El libelo dividió a la coalición de gobierno y desató una secuencia de reproches que, lejos de apaciguarse, sigue sumando actores.

El más reciente fue el Partido Cristiano, colectividad en formación que tiene entre sus representantes a la ministra de la Mujer, Judith Marín. A través de una declaración firmada por el alcalde de Concepción, Héctor Muñoz, y las diputadas Sara Concha y Francesca Muñoz, el partido arremetió contra quienes al interior de Chile Vamos afirman que no pertenecen a la coalición que apoya al gobierno.

El detonante fue una reunión del comité político ampliado del lunes pasado. Allí, la presidenta de Renovación Nacional (RN), Andrea Balladares, pidió respeto hacia los militantes de su partido frente a las críticas del Partido Republicano, que atacó a los diputados de RN que se desvincularon de la acusación constitucional contra Grau. La Moneda intentó encauzar el conflicto y propuso que los partidos resuelvan sus diferencias en otros espacios. Balladares rechazó el planteamiento: RN, dijo, no forma parte de una coalición de gobierno.

Esa frase fue el punto que usó el Partido Cristiano para su declaración. "Si Chile Vamos o algunos de sus parlamentarios sostienen que no forman parte de la coalición de gobierno, entonces les exigimos coherencia y una definición clara de su posición", señala el texto. Y agrega la frase que resume la molestia: "No se puede estar dentro para exigir cargos y fuera para evitar responsabilidades".

El partido también apuntó al desempeño electoral. "La vieja política de Chile Vamos los chilenos la dejaron en el quinto lugar de la elección presidencial", remarcaron, una señal de que los socialcristianos no planean tratar a RN y sus aliados como socios de igual peso.

El cruce no es nuevo entre estos actores. El Partido Cristiano ya había tenido roces con RN por la gestión del Ministerio de la Mujer, cartera a cargo de Marín. La disputa sobre quién tiene derecho a criticar y quién a exigir cargos refleja una tensión estructural: cuando el costo político sube, cada partido intenta marcar su propio perfil frente al electorado.

La presión sobre Chile Vamos para definir su posición frente al gobierno es ahora multilateral. Viene del oficialismo clásico, del Partido Republicano y de una nueva fuerza que busca espacio en el mapa político. La respuesta de RN y sus aliados en las próximas horas definirá si la coalición puede contener el conflicto o si el quiebre es definitivo.