Una falla cardíaca puso fin de manera inesperada a la vida del abogado penalista Carlos Cortés Guzmán el domingo pasado, mientras conducía una moto todo terreno en Estero Castro, Chiloé. Amigos que lo acompañaban en la zona sur indicaron que se sintió mal durante una salida recreativa en su vehículo todo terreno, actividad que practicaba desde que compró una casa en esa localidad.
Cortés era conocido por su trabajo en causas de alto perfil en Chile, entre ellas los casos Inverlink y el llamado Caso Penta. Tras titularse y jurar como abogado en 1995, trabajó en el Consejo de Defensa del Estado, la institución pública encargada de representar judicialmente al Estado de Chile, y luego fundó su propio estudio. En 2007 sumó a Sergio Rodríguez Oro, abogado chileno y socio, a lo que hoy funciona como Cortés & Rodríguez Abogados.
Sus cercanos destacan que la faceta pública de Cortés contrastaba con una vida privada marcada por pasiones personales: era aficionado a las motos de carretera y a las excursiones solo por la Ruta Los Libertadores hacia Calle Larga, cerca de Los Andes, y recientemente había empezado a entusiasmarse con la navegación a motor en Chiloé. Además, era hincha de Colo Colo y, más tarde en su carrera, se volcó a la filosofía; cursó un postgrado en la Universidad de los Andes, Universidad de los Andes (Uandes), y estaba realizando otro magíster en la misma disciplina.
Antonio Collados, excompañero de universidad y amigo de Cortés, recordó su etapa escolar y universitaria. Collados dijo que Cortés "tenía amor por la profesión. Era vehemente y responsable, pero no era un ratón de biblioteca. Le gustaban las pichangas en el Campus Oriente". La anécdota dibuja a un penalista que combinaba rigor profesional con vida social activa en la universidad.
En lo académico y formativo, Cortés buscó experiencia fuera de Chile. En 2014 viajó a la Universidad de Columbia en Nueva York, Estados Unidos, donde realizó una pasantía sobre el sistema penal norteamericano, tanto en las Cortes Federales como en las Cortes Estatales de Estados Unidos. Ese período refleja su interés por comprender procesos penales comparados y traer herramientas a su práctica en Chile.
Quienes lo conocieron en el estudio profesional y en la universidad remarcan que su curiosidad intelectual lo llevó a formalizar estudios en filosofía además de su carrera en derecho. En lo personal, las motos y el mar eran sus vías de desconexión, un rasgo que amigos y colegas mencionan como esencial para entender su equilibrio entre la intensidad de los juicios y su vida privada.
Hasta ahora no se han informado detalles oficiales sobre velatorio o funeral. Sus colegas del estudio y amigos han comenzado a reunirse para recordar su figura profesional y humana, y las redes del ámbito jurídico en Santiago y en el sur han expresado condolencias.
La partida de Carlos Cortés Guzmán deja abiertas preguntas sobre el legado profesional que deja en causas mediáticas y en la formación de jóvenes abogados. En los próximos días habrá que seguir la confirmación de homenajes y de cómo su estudio organiza la continuidad de los casos que llevaba. Mientras tanto, en Chiloé sus vecinos y nuevos amigos del sur lo recuerdan como un aficionado a las motos, amante del mar y lector de filosofía, una mezcla que, dicen, explicaba su estilo dentro y fuera de la sala de audiencias.