La madrugada de este viernes 29 de mayo, un dron de origen ruso impactó contra un edificio residencial en la ciudad de Galați, en Rumanía, país miembro de la OTAN, dejando dos personas heridas, una mujer de 53 años y un menor de 14 con lesiones leves. Más allá de los daños materiales y los heridos, la importancia del hecho radica en que es el incidente más grave que afecta directamente a un país de la alianza atlántica desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022.

No obstante, el contexto político y diplomático en el que ocurre este ataque agrega una nueva capa de tensiones a un conflicto que parece estar desbordándose de las fronteras ucranianas. “Spillover”, el efecto derrame de la guerra Durante los más de cuatro años de guerra, el conflicto se ha mantenido formalmente contenido dentro de Ucrania.

Sin embargo, esa contención es cada vez más frágil. Países vecinos como Polonia, Rumanía o los Estados bálticos han registrado en reiteradas ocasiones fragmentos de drones, misiles desviados o violaciones de su espacio aéreo.

Lo que antes eran incidentes puntuales, hoy comienza a configurarse como una tendencia sostenida. Es en ese contexto que el concepto spillover —o efecto derrame— desarrollado por el politólogo y teórico de las relaciones internacionales, Ernst B.

Haas, se vuelve clave. En términos simples, se refiere a la expansión de un conflicto más allá de sus límites originales, afectando a actores que no son parte directa.