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Cienciaasistido por IA

Biopapel chileno a base de madera y algas podría reducir pérdidas de fruta de exportación

Ilustración del perfil editorial Valentina MuñozValentina MuñozEdición automatizada bajo responsabilidad de Periodismo2
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Un biopapel desarrollado en la Universidad de Concepción, hecho con derivados de la madera y algas, podría reducir pérdidas de fruta exportada de Chile, donde

Investigadores de la Universidad de Concepción, desde el laboratorio Gibmar, desarrollaron un biopapel elaborado con derivados de la madera y algas que podría ayudar a disminuir la fruta fresca que se desecha durante el transporte internacional. La tecnología está en etapa de desarrollo y, según los autores, busca mejorar la protección postcosecha frente a daños que provocan pérdidas y rechazo en destino.

El problema es concreto para la industria: de casi 5 millones de toneladas de frutas producidas en Chile, alrededor de 2,6 millones se exportan como fruta fresca, según la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, Odepa. Actualmente se estima que entre 3 y 5% de esa fruta no llega a destino, principalmente por deterioro y manchas negras causadas por microbios fitopatógenos, según la Corporación Chilena de la Madera, Corma. A nivel global, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO por sus siglas en inglés, calcula que se pierden unos 1.300 millones de toneladas de alimentos al año.

¿Por qué importa la postcosecha? Luis Luchsinger, profesor asociado de la Universidad de Chile e investigador del Centro de Estudios Postcosecha, CEPOC, recuerda que desde la cosecha comienza el reloj del deterioro y que los períodos de transporte pueden extenderse entre una semana y hasta 45 días, dependiendo del destino. Hoy se usan materiales como el papel gofrado para amortiguar golpes y disminuir daños, pero los productores buscan alternativas que sumen barrera física, control de humedad y menor propensión a contaminación microbiana.

En términos prácticos, si aplicamos el porcentaje de pérdida citado por Odepa a las 2,6 millones de toneladas exportadas, entre 78.000 y 130.000 toneladas podrían perderse en la cadena de envío. Dado que las exportaciones frutícolas generan alrededor de 4.000 millones de dólares al año, esas mermas representan montos económicos relevantes para la industria y los exportadores.

¿Qué falta para que el biopapel llegue a los huertos y contenedores? Los desarrollos de laboratorio deben validarse en ensayos a escala real, con distintas especies (uvas, arándanos, paltas) y rutas logísticas. También es necesario evaluar costos de producción, cumplimiento de normas sanitarias internacionales y su comportamiento frente a tratamientos de frío y manejo en cadena de frío. Si el material mantiene propiedades barrera y tiene baja huella ambiental por estar basado en madera y algas, podría ofrecer además una alternativa biodegradable frente a embalajes plásticos convencionales.

La apuesta combina una necesidad productiva que afecta a exportadores y trabajadores del sector, con una oportunidad ambiental. Ahora corresponde comprobar en campo si el biopapel reduce realmente la descomposición y el rechazo en destino, y cuantificar cuánto podría ahorrar a la exportación frutícola chilena antes de hablar de adopción masiva.

Fuente original

eldefinido.cl

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