El océano Pacífico ecuatorial central registró un ascenso inusual de la temperatura superficial del mar, con un pico de 2,5 °C sobre la media en julio, según el último reporte de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos. Ese registro sitúa al fenómeno El Niño en una fase más fuerte de lo habitual, y el investigador Edgardo Sepúlveda, ingeniero físico de la Universidad de Santiago (Usach), estima que el peak podría ocurrir en noviembre y que el episodio se mantendría durante varios meses.

El Niño es un fenómeno climático que se produce cuando las aguas del Pacífico ecuatorial se calientan más de lo normal; ese calor adicional cambia la circulación atmosférica y desplaza los patrones de precipitaciones y viento. En la práctica, eso modifica la trayectoria de los sistemas frontales que afectan a Chile, con consecuencias distintas según la región.

Sepúlveda señala que las proyecciones estacionales muestran señales claras de este fenómeno para la primavera. "Esto es, mayor precipitaciones en la zona centro sur, centro y centro norte del país, especialmente para septiembre y octubre", dijo el investigador a La Tercera. Las proyecciones apuntan a anomalías de precipitación de entre 80 y 100 mm por sobre lo normal en esos meses, según el análisis citado por Sepúlveda y por la NOAA.

Ese aumento de lluvias puede tener efectos opositores. Por un lado, más precipitación puede aliviar déficits de agua y recuperar niveles de embalses que abastecen consumo humano y generación hidroeléctrica. Por otro, lluvias intensas en cortos periodos elevan el riesgo de deslizamientos, aluviones y cortes en rutas y servicios, especialmente en zonas con suelos ya saturados o en cuencas vulnerables. En el norte, donde el suelo es más árido, episodios fuertes de lluvia pueden provocar inundaciones repentinas.

Las implicancias para la agricultura y la gestión del agua son claras: los calendarios de riego, las siembras y las faenas de cosecha pueden requerir ajustes, y las plantas hidroeléctricas y empresas sanitarias deberán monitorear niveles de captación y calidad del agua. Los especialistas recomiendan que autoridades regionales, empresas eléctricas y servicios de emergencia refuercen la vigilancia de embalses, cuencas y vías antes de la temporada de precipitaciones.

La NOAA mantiene la proyección de que El Niño continuará influyendo en el clima hasta al menos principios de 2027, y Sepúlveda confirma la alta probabilidad de un peak en noviembre. Los datos concretos a considerar son el pico de 2,5 °C medido en julio, la estimación del investigador de un máximo en noviembre, y las anomalías proyectadas de 80 a 100 mm sobre lo normal para septiembre y octubre, cifras que condicionarán decisiones sobre agua, energía e infraestructura en los próximos meses.